Autor: Pablo RM

  • Scenius: los equipos de tecnología no necesitan más genios sino aprovechar la «escena»

    Scenius: los equipos de tecnología no necesitan más genios sino aprovechar la «escena»

    En muchas empresas se ven procesos en los que se buscan ninja, llaneros solitarios o alguna otra figura de persona que resuelva todo solo. Con la idea de que si fichas a personas brillantes, el resultado será igualmente brillante. Sin valorar que muchas veces la calidad del resultado no es solo el talento individual, sino el entorno colectivo, capaz de amplificarlo (o lo bloquearlo).

    Scene + genius = scenius

    El término «scenius» es una palabra que resume la inteligencia creativa de una escena, no de una persona aislada. El término lo acuñó el compositor y productor musical Brian Eno cuestionando el mito del genio solitario, poniendo el foco en las condiciones (sociales, técnicas y culturales) que hacen posible la innovación. Scenius mezcla “scene” y “genius”: las mejores ideas rara vez aparecen en el vacío; surgen dentro de equipos donde la gente comparte referencias, discute, prueba, copia, corrige y mejora. El valor no está solo en el individuo, sino en el tejido que conecta a muchas personas y sus ideas.

    En un equipo de tecnología, eso significa que una buena arquitectura, una solución elegante o un producto útil no son solo el resultado de una persona excepcional. También dependen de revisiones de código honestas, documentación útil, conversaciones entre disciplinas, seguridad psicológica y una cultura que permita experimentar sin miedo infundado al error.

    Como escuché hace poco en el podcast de Realworld de Carlos Iglesias, sobre medir la productividad: Cuando se hace un reporte de productividad, no hay que centrarse en la productividad del individuo. «Poner medidas individuales sería contraproducente» dice Toni Tassani, hay que intentar pensar en global. Estos indicadores te llevarán a ensalzar al individuo y generarán el riesgo claro de convertir la organización en una suma de héroes individuales (y cuellos de botella).

    Es un error muy común confundir rendimiento individual con salud organizativa. Un ingeniero estrella puede producir mucho, pero también puede ocultar carencias estructurales: dependencia excesiva, mala transferencia de conocimiento, decisiones centralizadas y poca resiliencia.

    Austin Kleon: Maps of scenius

    Scenius propone preguntarse: ¿estoy creando un entorno donde las personas se vuelven mejores gracias a los demás? Esa pregunta es muy útil en entornos interdependientes entre distintos perfiles como el trabajo en tecnología. Backend, frontend, producto, diseño, datos, operaciones y negocio se cruzan constantemente. Un equipo con scenius fuerte no depende tanto de una sola mente brillante. Funciona porque el conocimiento circula, las decisiones se discuten con criterio y las ideas mejores sobreviven al proceso colectivo.

    Pero cuidado, no todo trabajo en equipo produce scenius. Puede haber reuniones, tickets y coordinación, pero si el conocimiento se acumula en pocas personas, si la crítica se castiga o si la innovación se reduce a obedecer, no hay escena creativa.

    Para que haya scenius debemos exigirnos:

    • Intercambio de ideas, no solo reparto de tareas.
    • Capacidad de discrepar sin politizar.
    • Visibilidad del razonamiento y aprendizaje compartido, no decisiones sin explicación y un resultado final.
    • Reconocimiento distribuido, no culto al héroe.

    Qué puede hacer un líder para construir scenius

    Si eres líder, tu trabajo consiste en diseñar las condiciones para que la inteligencia colectiva aparezca, no ser la fuente principal de inteligencia.

    1. Piensa y provoca pensar en voz alta

    No es solo “la decisión que tomamos”, es exponer también “por qué”. Cuando el razonamiento se documenta, el equipo entiende e interioriza mejor el aprendizaje.

    2. Reduce los silos de conocimiento

    Si cada área habla su propio idioma y protege su territorio, la escena se rompe. Creando espacios donde ingeniería, producto y diseño comparten contexto logramos que la información fluya y el equipo avance.

    3. Normaliza la crítica útil

    Recibir observaciones claras, sin sentir ataques o humillaciones innecesarias, ayuda a la gente a mejorar. Si tu equipo confunde crítica con ataque, estás frenando scenius.

    4. Premia la contribución al sistema

    No recompenses solo a quien “apaga incendios”. Valora también a quien documenta, enseña, desbloquea a otros, mejora procesos o incluso a quien hace la pregunta que mucha gente tiene en mente pero nadie hace.

    5. Protege el tiempo para pensar

    Si todo es urgencia, no hay escena; solo reacción. Los equipos creativos necesitan espacios donde leer, revisar, prototipar y discutir sin presión constante de corto plazo.

    Una forma útil de medirlo

    No intentes medir scenius con una encuesta abstracta de ambiente. Observa señales más concretas:

    • ¿Las personas explican sus decisiones o solo las ejecutan?
    • ¿El conocimiento se comparte o se concentra?
    • ¿Las revisiones mejoran el trabajo o solo lo aprueban?
    • ¿La gente aprende de otros equipos o vive encerrada?
    • ¿Las mejoras vienen de varias personas o siempre del mismo núcleo?

    Si la respuesta apunta a concentración, silencio o dependencia, no hay scenius fuerte.

    Para liderar un equipo tecnológico aprovechando todo su potencial creativo, scenius no es solo una idea bonita sobre creatividad. Es una advertencia práctica: el talento individual no basta si el sistema no lo multiplica. La verdadera ventaja competitiva está en crear una «escena» donde las personas piensen mejor juntas que por separado. Si quieres equipos más sólidos, no persigas solo genios. Construye un contexto en el que la genialidad deje de ser un atributo privado y empiece a convertirse en propiedad colectiva.

    Referencias: What is the «scenius»? | Scenius: why creatives are stronger together | Maps of scenius

  • Descubriendo a Dan M. Klein: improvisación para conectar mejor, liderar mejor y diseñar el futuro mejor

    Descubriendo a Dan M. Klein: improvisación para conectar mejor, liderar mejor y diseñar el futuro mejor

    Cuando hablamos de Trabajar en Modo Impro, un referente es Dan M. Klein, que siendo profesor de teatro de la Universidad de Stanford ha visto como sus estudiantes de múltiples carreras universitarias aplican la impro más allá del escenario. Dan M. Klein convierte la impro en una disciplina aplicada para mejorar cómo nos relacionamos, cómo lideramos equipos y cómo tomamos decisiones en entornos inciertos. Como profesor en la Stanford Graduate School of Business, en Theater and Performance Studies, su trabajo se sitúa justo en la intersección entre creatividad, comunicación y diseño de futuros.

    ¿Quién es Dan M. Klein?

    Dan M. Klein es profesor en la Stanford Graduate School of Business y en el departamento de Theater and Performance Studies, donde lleva años enseñando improvisación a estudiantes de negocios, ingeniería y artes. Su día a día no transcurre solo en aulas “tradicionales”: también diseña experiencias inmersivas, talleres de comunicación y cursos sobre creatividad aplicada al liderazgo. En lugar de tratar la impro como un entretenimiento, la plantea como una práctica seria, con impacto directo en la forma en la que trabajamos, colaboramos y tomamos decisiones.

    En charlas, entrevistas y cursos, Klein insiste en que la improvisación no es tanto una técnica teatral como una forma de estar en el mundo. Desde esa mirada, su objetivo es entrenar una serie de habilidades que rara vez se trabajan de manera explícita en entornos profesionales: presencia, escucha profunda, aceptación del error y capacidad de construir sobre las ideas de otros.

    Creando vínculos en tiempo récord

    En su charla “Rapid Bonding Through Improvisation” en TEDxReset, Klein parte de un diagnóstico muy reconocible: vivimos hiperconectados tecnológicamente, pero con vínculos humanos frágiles. Describe una paradoja contemporánea: multiplicamos las interacciones, pero nos cuesta sentirnos realmente acompañados, escuchados y sostenidos en nuestras relaciones cotidianas, tanto dentro como fuera del trabajo.

    Su propuesta es utilizar la improvisación como un “acelerador de vínculos” en grupos de todo tipo, desde equipos de empresa hasta comunidades educativas. A través de ejercicios aparentemente simples —juegos de contar, dinámicas de fallar en público y celebrarlo, actividades físicas que requieren atención compartida— crea condiciones en las que las personas se atreven a mostrarse con más vulnerabilidad y generosidad. La idea de fondo es clara: cuando dejamos de proteger tanto nuestra imagen, y nos permitimos fallar de forma visible y segura, la confianza crece mucho más rápido. youtube

    Uno de los mensajes más potentes de esta charla es su invitación a cambiar el foco de “¿qué tal lo estoy haciendo yo?” a “¿qué necesita ahora mi compañero, mi equipo, esta escena?”. Para Klein, hay un salto cualitativo en el momento en que dejamos de obsesionarnos con “salir bien” y nos orientamos a hacer que las otras personas brillen, tanto en el escenario como en una reunión de trabajo. Desde esa perspectiva, la improvisación se convierte en un entrenamiento muy práctico de empatía y cooperación.

    Designing the Future with Improvisation

    En su intervención “Designing the Future with Improvisation” en Singularity University, Klein traslada estos mismos principios a un terreno que a menudo asociamos con algoritmos, datos y tecnología: el futuro del trabajo y la innovación. Su punto de partida es que vivimos en un entorno de alta incertidumbre, donde los planes rígidos se quedan obsoletos antes de completarse. En ese contexto, la improvisación no es un lujo creativo, sino una competencia básica.

    La herramienta emblemática de este enfoque es el famoso “Yes, and…” (Si, y además…), que Klein rescata del mundo de la impro para convertirlo en protocolo de colaboración. En lugar de responder con el habitual “Yes, but…” (Si, pero…) que frena ideas en sus primeros segundos de vida, propone reservar espacios y tiempos concretos —unos minutos, una fase de la reunión— en los que la consigna es construir sobre lo que propone la otra persona. Este pequeño cambio de regla, si se aplica con rigor, abre la puerta a soluciones que no habrían aparecido bajo un clima de juicio inmediato.

    En la charla, Klein también insiste en el papel del error como materia prima para innovar. Frente a culturas organizativas que penalizan cualquier fallo, defiende la necesidad de crear espacios donde se pueda “fallar alegremente”, experimentar y aprender en público sin miedo a la humillación. Para él, se trata de negociar explícitamente con los equipos qué tipo de errores son aceptables, en qué fase del proceso y bajo qué condiciones; solo así la improvisación puede contribuir a la creatividad sin generar caos.

    Más allá de la técnica, hay una dimensión de liderazgo muy clara: improvisar bien significa estar dispuesto a soltar el control del resultado y a compartir protagonismo. En lugar de líderes que lo quieren decidir todo, Klein propone líderes capaces de escuchar, de apoyarse en la diversidad del grupo y de sostener la incertidumbre sin caer en la parálisis. Esa forma de liderazgo se parece más a dirigir una escena de impro que a seguir un guion cerrado.

    Más allá de “hello”: pasar de lo superficial a lo significativo

    Otra de las charlas relevantes de Klein es “Going beyond ‘hello’”, en el entorno de TEDxStanford, donde profundiza en cómo pasamos del saludo superficial a conversaciones que importan. Aquí su foco está en las microinteracciones: cómo recibimos a alguien que se incorpora al equipo, qué tipo de preguntas hacemos en los primeros minutos, qué grado de riesgo estamos dispuestos a asumir en la forma en la que nos mostramos.

    La idea recurrente es que la improvisación ofrece estructuras simples para ir un poco más allá de lo mecánico sin forzar intimidad artificial. Ejercicios de escucha, dinámicas de contar historias compartidas o pequeñas prácticas de vulnerabilidad graduada ayudan a crear entornos donde es más fácil que surja la autenticidad. En contextos profesionales, esto se traduce en equipos que se entienden mejor, que se dan feedback con menos defensividad y que pueden abordar conflictos sin destruir la relación.

    Desde un punto de vista de comunicación profesional, este enfoque es especialmente interesante para personas que trabajan con clientes, lideran equipos o facilitan procesos de cambio. Klein no propone que convirtamos cada reunión en un espectáculo de impro, sino que incorporamos algunos de sus principios para humanizar interacciones que a menudo se vuelven excesivamente formales o estratégicas.

    Qué nos aporta este enfoque en el ámbito profesional

    Lo que hace que las ideas de Dan M. Klein sean útiles más allá del campus de Stanford es su capacidad para explicar como ayuda aplicar el Modo Impro a problemas muy concretos que encontramos en el trabajo: falta de confianza en los equipos, dificultad para innovar, reuniones estériles, liderazgo que no escucha. En lugar de ofrecer recetas mágicas, plantea prácticas que son sencillas de entender y, al mismo tiempo, exigentes de aplicar con coherencia.

    Para organizaciones y profesionales, su trabajo abre varias líneas interesantes:

    • Formar equipos en habilidades de escucha, presencia y cooperación que no se desarrollan solo con powerpoints, sino mediante experiencia directa.
    • Introducir espacios seguros donde el error se pueda usar como fuente de aprendizaje, en lugar de esconderlo o castigarlo automáticamente.
    • Explorar formas de liderazgo más distribuidas, en las que la responsabilidad se comparte y la inteligencia colectiva tiene espacio para aparecer.

    Dan M. Klein nos recuerda que improvisar no es únicamente reaccionar rápido, sino aprender a relacionarnos de otra manera con la incertidumbre, con los demás y con nosotros mismos. Y que, en un mundo que cambia cada vez más deprisa, esa puede ser una de las competencias profesionales más valiosas. Y por eso le considero un referente en la improvisación aplicada.

    Fuente: Stanford: Daniel Klein’s Profile | Stanford Business Podcast: «Just Show Up» – Dan Klein | meaning-vs-merit podcast

  • Impro aplicada en «Teaming» (Amy C. Edmondson): construir equipos volátiles

    Impro aplicada en «Teaming» (Amy C. Edmondson): construir equipos volátiles

    Este artículo se publicó primero en AmorOdio.es: Impro aplicada en «Teaming» (Amy C. Edmondson): construir equipos volátiles

    El «teaming» (formar equipo) es el proceso dinámico de colaboración temporal que Amy Edmonson describe en su libro del mismo nombre. Entornos complejos donde los grupos se crean sobre la marcha, en base a necesidades concretas. Al leer este libro he detectado que la Improvisación aplicada — el uso de técnicas de teatro de improvisación en otros contextos como el corporativo — puede acelerarlo ya que las habilidades base que se entrenan permiten que grupos fluidos puedan colaborar rápido bajo incertidumbre, alineándose con los pilares de seguridad psicológica y comunicación abierta planteada por Edmondson.

    El planteamiento es que «el equipo» desaparece como una entidad fija y estable en el tiempo, en su lugar se plantean equipos fluidos que se crean y destruyen según necesidades, y que necesitan formarse y colaborar de manera fácil. Son formaciones «sobre la marcha»: extraños de orígenes distintos colaboran en problemas volátiles como una crisis sanitaria, un lanzamiento concreto o un proyecto de innovación. Aún con esa falta de historia pasada, que ayuda a tener equipos fuertes, estos deben colaborar con la misma eficacia, deben ser capaces de experimentar, compartir información y corregir errores rápido. Además, son equipos con especialistas de distintas áreas, culturas, jerarquías y pasado que deben trabajar para un mismo objetivo de la manera más optima posible. Para ello deben cumplir con tres premisas: tener una comunicación abierta, compartir conocimiento dispar y tender puentes entre fronteras.

    Edmondson ilustra estos conceptos con casos de hospitales, fábricas, proyectos científicos (tipo Manhattan Project), desarrollo de productos o incluso programas espaciales, donde equipos de especialistas se montan y desmontan rápida y constantemente. La conclusión práctica es que las organizaciones que diseñan procesos, normas y culturas para facilitar el teaming —en vez de confiar en estructuras rígidas y jerarquías— aprenden más rápido, innovan mejor y responden con más agilidad a la complejidad del entorno.

    La impro lleva de la teoría a la práctica

    La impro puede entrenarnos para esta situaciones indirectamente, entrenando las habilidades que nos llevan a cumplir estas premisas. La gente que practicamos la improvisación lo hacemos sin guion e integrando aportes ajenos en tiempo real, de manera similar al «boundary spanning» que cruza silos profesionales. La seguridad psicológica también se trabaja. fallar en escena se convierte en una oportunidad para el avance colectivo, sin castigos, lo que permite a la gente llegar más lejos y plantear soluciones a riesgo de equivocarse. Quienes practicamos la improvisación teatral podemos cambiar de elenco con la confianza de que estas herramientas que hemos entrenado nos permitirán integrarnos rápidamente y con baja fricción.

    Pensemos en las principales técnicas de la improvisción en el Teaming:

    • «Si, y además», se escuchan las propuestas de los demás sin bloquear para construir apoyando y a partir de las mismas.
    • Escucha activa y presencia plena, nos enfoca totalmente en el presente, permitiendo que nos permee el máximo de información.
    • Permitir el error, generamos un espacio seguro donde compartir conocimientos, destrabamos los limitantes que dejan ideas en nuestra cabeza por miedo a ser juzgado.

    Aunque una sesión de impro puede parecer solo un «tiempo de juego» y que distrae del trabajo real, estas son un entrenamiento que genera dinámicas de equipo y que prepara a las personas para afrontar los problemas de una manera más adaptativa, estando en modo impro. La impro trae a la realidad las teorías planteadas por Edmondson en un entorno controlado y permite desarrollar las capacidades para mejorar la creación de equipos

  • Charla T3chfest 2018: «Deja que tu equipo improvise»

    Charla T3chfest 2018: «Deja que tu equipo improvise»

    Aquí dejo la charla que dí en el pasado T3chfest 2018: «Deja que tu equipo improvise»

    La creatividad es uno de los pilares del trabajo informático, y se puede libera a través de la improvisación. Improvisar es experimentar, dejarse llevar sin miedo a equivocarse. Porque equivocarse es parte del proceso de aprender y la señal de que has huído lo bastante de tu zona de confort. También descubriremos que puede aportar la improvisación al trabajo en equipo, y su cercanía con las metodologías ágiles.